jueves, 20 de julio de 2017

LA ERA DEL VINILO. EN EL DÍA DEL ROCK, EL ROCK HABLA DE SÍ MISMO.

LA ERA DEL VINILO. Un pequeño espacio de radio musical con los clásicos en singles y elepés. 

EN EL DÍA DEL ROCK, EL ROCK HABLA DE SÍ MISMO. Hoy, Bill Haley, Blue Oyster Cult, Jethro Tull, Stray Cats.  

miércoles, 19 de julio de 2017

LOS ANTIFRANQUISTAS AÑORAN A FRANCO MÁS QUE LOS FRANQUISTAS Así es, por desconcertante que parezca, los españoles que más nostalgia tienen de Franco no son los de la ultraderecha más recalcitrante, sino los que presumen de antifranquismo, que basan en aquel régimen casi todos sus actos y declaraciones.

Es increíble la fascinación que tienen por él muchos antifranquistas.

El 18 de julio es un día que sigue teniendo mucho significado más allá de lo estrictamente histórico. Sorprende que, siendo ya muy pocos los españoles que celebran la fecha (con nula relevancia en los medios), sean tantos los que se agarran a aquellos terribles sucesos para marcar distancias, para exhibir y presumir de superioridad moral, para demostrar su pureza ideológica… Es una evidencia que no debería necesitar recordatorio, pero Franco murió hace 42 años y la guerra terminó hace casi 80. Sin embargo, no son pocos los españoles que parecen frustrados por no poder llevar a juicio al general golpista, así como a los que se pusieron de su parte y a los que cometieron todo tipo de barbaridades al amparo del régimen. Tal es su obsesión con el personaje que da la impresión de que lo necesitan, de que sin él se quedarían sin discurso, sin su único argumento, de manera que podría parecer que su objetivo es acabar con Franco y el franquismo hoy.

El caso es que cuando el calendario señala 18 del 7 hay criaturas políticas que se prodigan en actos, gestos y aspavientos encaminados a que todo el mundo vea cuán antifranquistas son. Por ejemplo, en algunos estamentos oficiales de Mallorca colocaron las banderas a media asta para recordar ese día de julio del 36 y para dejar claro que condenan y abominan todo lo que vino tras aquel fallido golpe de estado. Sin embargo, no abren la boca ni organizan ninguna acción en contra de la intentona golpista de octubre de 1934, y si tienen que referirse a ésta, será para elogiarla; pero aunque haya mentes a las que les resulte imposible reconocerlo, ambos fueron auténticos golpes de estado con, eso sí, consecuencias diferentes. 

El algunos lugares de Cataluña los secesionistas han colocado carteles con una imagen de Franco y una leyenda en la que éste recomienda no votar en el referéndum anticonstitucional anunciado para el próximo uno de octubre… Por un lado, de alguna manera, vuelven a darle protagonismo, y por el otro se niegan a saber, a conocer que F. F. no careció de ‘cómplices’ en muchos sectores de la sociedad catalana, cosa que queda demostrada por la cantidad de medallas, distinciones y honores que, en vida, le procuraron casi todos los estamentos políticos, sociales, deportivos y culturales de Cataluña durante gran parte de los cuarenta años; y no se le agasajó y aduló por obligación o por miedo, ya que muchísimos ayuntamientos y entidades de otras partes de España jamás le concedieron nada, sino por adhesión, por convencimiento. Un ejemplo evidente es que el Barça le otorgó dos medallas de oro del club y el Real Madrid ninguna.

Asimismo, en muchos lugares de España hay políticos de nuevos partidos que prometen que, si ganan, juzgarán a los “asesinos, torturadores, colaboradores… franquistas”  aun cuando están todos muertos o son muy muy mayores y, por tanto, sería poco menos que imposible cumplir tal promesa. Sin embargo, jamás han dicho la más mínima palabra de condena hacia los asesinatos terroristas y jamás han hecho un gesto de apoyo a las víctimas; al revés, tanto políticos como simpatizantes de esos nuevos partidos dejan bien claro (en la red o en la prensa) lo que exigen para los asesinos y lo que desean a las víctimas. En definitiva, condenan aquel totalitarismo y aplauden otro. 

Franco y el franquismo son, para muchísimos españoles, tan necesarios como la Segunda Guerra Mundial y los nazis para el cine (los soviéticos son, en pantalla, unos ‘malos’ menos ‘atractivos’ cinematográficamente hablando, tal vez porque de ellos se sabe mucho menos que de los nazis, puesto que sus campos de concentración siberianos no fueron liberados, ni sus archivos abiertos, ni juzgados sus criminales). Y del mismo modo que cientos, tal vez miles de películas tendrían que haber buscado otro tema si no hubiera ocurrido nada en Europa entre 1933 y 1945, muchos miles de españoles se habrían quedado sin discurso y sin referencia sin un F.F.

CARLOS DEL RIEGO


domingo, 16 de julio de 2017

EL DÍA MUNDIAL DEL ROCK Y EL PESO DEL ROCK EN EL MUNDO El 13 de julio ha sido designado como el Día Mundial del Rock. Podría cuestionarse si tal cosa es necesaria, pero si hay día de la lactancia o del lavado de manos, ¿por qué no del rock?

¿Si hay día mundial de cualquier cosa, por qué no del rock?

Como todo interesado sabe, se escogió esa fecha debido a que tal día de 1985 se celebró un concierto de alcance mundial cuyo cartel supuso la mayor concentración de iconos del rock & roll desde que éste existe. En todo caso, es un buen pretexto para reflexionar sobre este fenómeno cultural.

Puede comenzarse afirmando que el rock es hoy algo así como un idioma independiente dentro de ese lenguaje universal que es la música; por ejemplo, a diferencia de otras formas musicales, para hacer buen rock no es necesario ser un virtuoso, aunque cualquiera podría citar unos cuantos genios de la guitarra, la batería, el teclado… Por otra parte, pocos estilos musicales son tan fáciles e inmediatos de identificar: si se ve un par de tíos con guitarras eléctricas colgadas y otro aporreando de modo impío bombos y timbales, y si además se retuercen como posesos, no hay duda, es un grupo de rock y están poseídos, y así será reconocido en los cinco continentes. Su universalidad es un hecho innegable, como lo es la poderosa influencia que viene ejerciendo desde hace décadas en muchas partes del mundo, de modo que no sería demasiado atrevido afirmar que su irrupción es uno de los acontecimientos  artístico-culturales más importantes de los últimos cien años. Quiere decirse que el rock & roll ha ejercido una potente influencia en la vida de muchísimas personas, llegando incluso a otras artes; más aún,  movimientos y corrientes asociadas al rock, como el de los hippies o el de los punk, han penetrado tanto que cualquier observador puede detectar si hay elementos punk o hippies en música, artes, literatura, modas o comportamientos y actitudes.

Pero lo mejor es que, prácticamente desde el principio, el rock es, más que otro género musical, una auténtica pasión, emoción, inconformismo, desplante… y, en no pocos casos, un modo de vida. En tres o cuatro décadas invadió todo el planeta, pasando de ser un reducto de iniciados, siempre jóvenes y muchas veces tratados como ‘descarriados’, a una actividad plenamente aceptada y perfectamente integrada en (casi) todas las sociedades; es decir, hay bandas de rock en los cinco continentes, y todas tienen una base común, una misma raíz. Es asimismo evidente que se trata de algo que traspasa barreras generacionales, ya que melodías de ‘tiempos remotos’ (o sea, del siglo XX) están tanto en los dispositivos electrónicos de chavales nacidos después de 2000, como en las colecciones de singles y elepés que conservan (como su gran tesoro) los que en su juventud fueron señalados como ‘peludos sin vacunar’. Igualmente a nadie extraña que tipos venerables y jovenzuelos primerizos estén haciendo el mismo rock & roll, tal vez unos en un estudio de lujo y otros en una cochera húmeda y maloliente, pero unos y otros usan iguales herramientas, tienen los mismos tics, comparten preocupaciones (que si súbeme el monitor, que si no me oigo bien, que si es mejor hacer el solo así), tiran de idénticos recursos y parecidas poses y, en fin, es muy probable que incluso toquen el mismo Chuck Berry.

Sí, como dicen muchísimos versos de muy diversos géneros, el rock & roll llegó para quedarse. Y hablando de diversidad, también es de destacar que, prácticamente desde las primeras horas, los que se atrevieron a ir por ese novedoso camino se encontraron con que se les presentaban infinidad de ramificaciones y posibilidades; así, dentro de ese cajón de sastre caben distintas especies, categorías, naturalezas, que no hacen sino enriquecer el todo; además, dejando clara sus intenciones mestizas, se presta a mezclarse con otros ritmos y sonidos con espectaculares resultados: desde la música clásica a la tradicional, desde el jazz a la electrónica han hecho muy buenas migas con el rock.

Muchos, en fin, sostienen que la época dorada del rock & roll ya pasó pero,  parodiando a Bécquer, puede asegurarse que “podrá no haber rockeros, pero siempre habrá rock & roll”.

CARLOS DEL RIEGO


jueves, 13 de julio de 2017

LA ERA DEL VINILO.Los rockeros muertos en los últimos 12 meses.

LA ERA DEL VINILO. Un pequeño espacio de radio musical con los clásicos en singles y elepés. 
Hoy, Los rockeros muertos en los últimos 12 meses. Rick Parfitt (Status Quo), Gregg Allman, Leonard Cohen, Gregg Lake (Emerson Lake & Palmer), Prince Buster, Chuck Berry. 

miércoles, 12 de julio de 2017

¿TE HAS PUESTO EN LA PIEL DE ORTEGA LARA O MIGUEL ÁNGEL BLANCO? El aniversario de la liberación de Ortega Lara y el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco está poniendo en evidencia la perversión moral de quienes no sólo no condenan aquellos crímenes, sino que insultan y amenazan a las víctimas

Imagínate pasar ahí (imagen desde fuera del zulo) año y medio sin saber si algún día saldrías

Hay situaciones en que la persona no puede situarse en el equilibrio, en la equidistancia, como por ejemplo en casos de terrorismo; así, si alguien se abstiene, si no se condenan sin peros las bombas y los tiros en la nuca, si se les busca justificación, si se opta por la postura tibia del sí pero no, es que se está cargando parte de la culpa sobre los muertos y, por tanto, ‘comprendiendo’ a quien apretó el gatillo o activó el detonador. Y peor aun es el caso de quienes, más allá de la razón, se ponen abiertamente, orgullosamente, de parte de los verdugos; gentes que han perdido esa facultad exclusiva del ser humano que es la empatía, esa posibilidad de imaginarse en la piel del que sufre y preguntarse ¿y si me hubieran hecho eso a mí? Son esos mismos elementos los que claman por las víctimas del franquismo y, a la vez, desprecian y se burlan de las víctimas de la bestia etarra; son las mismas personas que se declaran en contra de la pena de muerte pero apoyan las ejecuciones extrajudiciales…, sí, por más inexplicable y enigmático que sea, hay sujetos que por la mañana ponen el grito en el cielo cuando se ejecuta a un violador asesino confeso y por la tarde difunden mensajes en los que desprecian a los inocentes que yacen bajo tierra. Eso es vileza extrema.     

Los cómplices de los asesinos no iban a actuar de otro modo, pero descoloca un poco que personas que aceptan las reglas de la democracia y que incluso son colegas o correligionarios de muchas víctimas, se pongan de parte de los pistoleros y recurran a pretextos de majadero sectario para negar el mínimo reconocimiento a aquellos que perdieron la vida, o parte de ella, de mano del nazismo etarra. Los actos de reconocimiento, recuerdo y homenaje a aquellas dos víctimas han situado a cada uno en su bando… En todo caso, pasadas dos décadas de aquellos sucesos, estaría bien hacer un ejercicio de imaginación y situarse en la piel de Ortega Lara y Miguel Ángel Blanco.

Eres José Antonio Ortega Lara, funcionario de prisiones. Te secuestran y te meten en una especie de tumba de 3 por 2,5 por 1,8 metros. Y de allí no sales en 532 días, casi un año y medio. Imposible caminar más de dos pasos, no ves el día o la noche, no sabes de la familia y los amigos, que estarán sufriendo casi como tú; sólo ‘hablas’ con tus raptores, el ambiente es húmedo y apenas hay una bombilla, estás bajo tierra, no hay ventanas; te traen dos cubos diarios, uno para que hagas tus necesidades y otro para lavarte; estás casi siempre solo, sólo pensando y dando vueltas y más vueltas a la cabeza en el infecto cuchitril (si esto se hubiera hecho con un perro no habría persona en el mundo que se pusiera de parte del hombre y en contra del animal), y así horas y horas, tiempo y tiempo viviendo en la incertidumbre más destructiva y enloquecedora: ¿me pegarán dos tiros?, ¿me torturarán?, ¿me dejarán aquí hasta que muera y harán desaparecer mi cuerpo?, ¿puedo hacer algo?, ¿debería arriesgarme e intentar la fuga?, ¿cuánto sufrirán mis familiares y amigos por mi culpa?..., y así horas y horas, tiempo y más tiempo. Todo sin que puedas salir de esos angustiosos y opresivos 13,5 metros cúbicos, siempre, siempre encerrado en esa caja, claustrofobia, quieres correr, saltar; cada vez que despiertas y vuelves a la realidad te desesperas, pasan las horas y piensas otra vez lo mismo que ayer, repites todo porque no puedes hacer otra cosa, te atormentas, te consumes, se te retuercen las entrañas, te hablas y te repites, te vuelves loco; hasta que llega el día en que pierdes la esperanza y das por seguro que nunca saldrás del sepulcro, y empiezas a desear la muerte. Un día te liberan, has perdido más de 20 kilos de masa ósea y muscular, recuperas la libertad pero pronto te das cuenta de que no será tan fácil; pasa el tiempo y muchas veces, de algún modo, todavía sigues en aquella tumba, apenas puedes dormir si no es con potentes medicamentos, tienes estrés postraumático, cuadros de ansiedad  y depresión. Hoy, veinte años después, aun sueñas y te despiertas preguntándote si estás todavía bajo tierra. Pero hay algo aun peor: tienes que soportar insultos, menosprecios y amenazas de desalmados que jalean a los secuestradores. ¿Por qué?, ¿por qué hay gente que se pone del lado del criminal y políticos ambiguos?   

Eras Miguel Ángel Blanco. Llevas dos años de concejal de un partido que se atreve a contradecir a una banda mafiosa y fascista en un pequeño ayuntamiento vasco, tienes miedo pero eres lo suficientemente valiente como para controlarlo y cumplir tu obligación. Un día alegre en el que sólo pensabas en la libertad de Ortega notas un agarrón, un empujón y, antes de que puedas abrir la boca, te atan, te amordazan, te vendan los ojos y te meten en el maletero; casi desde el primer momento sabes que te han secuestrado y sabes quiénes; el coche para, te bajan, te meten en algún sitio; te dejan así durante unas horas, dos días, inmovilizado, desorientado, aterrorizado, sabiendo de qué va la cosa y lo que, casi seguro, te espera; luego, después de muchas horas de incertidumbre y terror, te agarran y te vuelven a meter en el maletero, un rato después te sacan, te obligan a arrodillarte y escuchas un clic metálico…

Los dos, seguro, supieron que eran víctimas de Eta en el acto, por lo que, seguro, desde el primer momento debieron ponerse en lo peor, y, también seguro, no se preguntaron por qué, ya que ambos sabían perfectamente que las bestias etarras sólo quieren matar, no necesitan motivo, escogen al que está más a mano y lo llevan al matadero.  

Veinte años después, incomprensiblemente, ciudadanos que han vivido siempre en libertad y con todos sus derechos garantizados vomitan odio contra quienes sufrieron violencia extrema en primera persona y contra sus familiares, y desean la muerte de semejantes sin más motivo que el odio, ese odio surgido del prejuicio ideológico, del desprecio absoluto a quienes consideran tan inferiores que sus vidas son prescindibles. Seguro que así funcionaban las mentes de Goebbels o Heydrich.

El asesinato de Miguel Ángel Blanco fue, sin duda, el principio del fin de la banda asesina. Puede afirmarse que el valiente concejal, finalmente, los derrotó.

CARLOS DEL RIEGO


domingo, 9 de julio de 2017

ROCK Y REVOLUCIÓN Las reuniones de los grandes organismos internacionales (como la del G20 de VII-17) activan el instinto revolucionario de muchas personas. El rock, que nació con intención rebelde (aunque es bastante más) tiene mucho que decir sobre revolución

Sex Pistols, y el punk en general, encarnan el espíritu revolucionario y el instinto de combate, aunque de mamera más bruta, mientras otros han dicho lo mismo con más gracia.
La reunión del G20 que tuvo lugar recientemente en Alemania congregó no sólo a los líderes de los países más poderosos, sino también (al igual que sucede con las del FMI y otras instituciones internacionales) a decenas de miles de manifestantes, muchos de los cuales llegaron atraídos por la promesa de bronca y pelea, algo que consiguieron: coches ardiendo, destrozos, comercios reventados, enfrentamientos con la policía, heridos, detenidos… Sí, la revolución que sólo deriva en gresca resulta irresistible para no pocas criaturas de espíritu levantisco. El rock & roll nació precisamente con esos aires de protesta y provocación, con ganas de combatir a todo lo establecido. En principio fue más con la actitud, con el baile y el sonido que con las letras, sin embargo, poco a poco los textos se fueron llenando de desplantes y desafío a la autoridad, de críticas encendidas al sistema y sus vicios. Así, son muy abundantes las canciones escritas con intenciones subversivas, con exigencias a los poderosos, con ganas de derribar lo existente, es decir, con la revolución como motor principal; eso sí, unas dicen las cosas de manera burda y ordinaria, mientras que otras muestran más ingenio, más chispa, más gracia…

‘Revolution’, sin más, es uno de los (muchos) títulos emblemáticos de los Beatles. Con una entrada demoledora y una atmósfera de rock duro, Lennon explica que todo el mundo desea cambiar el mundo, pero si ello conlleva destrucción “sabes que no puedes contar conmigo”, o sea, hacer la revolución sí, pero sin violencia. Este tema dio paso a otros con los que John, ya en solitario, se mostró comprometido con causas universales; uno de estos exige claramente ‘Power to the people’, es decir, poder para la gente; esta canción es más revolucionaria que la anterior, pues anima abiertamente a iniciar la revuelta, a derribar al rico y al poderoso y, en definitiva, a conseguir el poder (y no se olvida de la liberación de la mujer); él mismo señaló que la había escrito, al igual que ‘Give peace a chance’, para que la gente pudiera cantarla fácilmente. En todo caso, no cabe dudar del contenido revolucionario de gran parte de la obra del malogrado artista.   

Algo parecido reivindicaba Patti Smith en ‘People have the power’ (1988). Escrita por ella y el que fuera su marido Fred ‘Sonic’ Smith (sí, el de MC5), contaron que pretendían recuperar la esencia y la energía de las protestas que contra la guerra de Vietnam tuvieron lugar en los años sesenta; también deseaban Smith & Smith que la gente pudiera cantarla en todo el mundo y por diferentes motivos, así como transmitir  al personal la idea del poder que se consigue cuando la gente se une; el argumento se plantea con el clásico “soñe con…” y desemboca con “me desperté al grito de ¡la gente tiene el poder!”. Respecto a la composición, explicó Patti que un día de 1986 estaba ella  haciendo la cena cuando Fred entró en la cocina con la guitarra, mostrándole una idea y animándola a escribir a partir de aquella vieja proclama de ‘poder para el pueblo’. El espíritu transgresor también surge en el ambiente familiar.     
The Rolling Stones siempre han tratado de cultivar una pose irreverente y provocadora, sin embargo pocas veces pensaron en revoluciones a la hora de escribir, lo suyo era más bien la fiesta, trasegar a modo, ponerse y, claro, las chicas. Tal vez su pieza más combativa y cargada de política sea ‘Street fighting man’ (1968). Este ‘Luchador calllejero’ se le ocurrió a Mick Jagger tras acudir a una manifa contra la guerra de Vietnam en Londres en 1968; confesaba el cantante que cuando la cosa se puso fea, cuando el personal empezó a romperlo todo y apareció la pasma, él se borró y corrió a casa; luego explicó que se había marchado para no distraer el verdadero sentido de la protesta con su presencia. En la letra explica el asunto cuando dice: “Es la hora de la lucha en la calle (…) pero qué puede hacer un pobre chaval sino cantar en una banda de rock & roll”. Lo curioso es que algunas emisoras censuraron la canción ‘por subversiva’, a lo que el cantante replicó que le parecía verdaderamente estúpido pensar que una canción sea capaz de iniciar una revolución. Una particularidad de esta pieza es que todas las guitarras que suenan son acústicas, como desveló Keith Richards, con lo que consiguen que la revolución resulte ligera…, ideal para correr ante la poli. De todos modos, nunca se aventuraron demasiado por el laberinto de la política.

La estadounidense Tracy Chapman siempre ha usado sus composiciones como arma para denunciar y combatir la injusticia. Uno de sus títulos más significados es ‘Talking about a revolution’ (1988); con poco más que su guitarra y en un tono nada agresivo, resulta muy convincente: “No lo  oyes?, están hablando de una revolución (…) la gente pobre va a levantarse y coger lo que es suyo”. Bastante antes, en 1972, en pleno apogeo del glam rock, T Rex cantó a los ‘Hijos de la revolución’; el texto tenía poca chicha: “puedes ir por ahí todo el día gritando, pero no podrás engañar a los hijos de la revolución”, y poco más, claro que el encanto de la pieza hay que buscarlo en la música, en el estribillo, en la tonalidad melodramática…, en la ‘gracia animal’ de Marc Bolan (Bowie dijo). Entre unos y otra, los Sex Pistols inauguraron la era punk en Inglaterra con aquellos primeros singles que tanto escándalo causaron; entre sus más pendencieras composiciones puede recordarse la elocuente ‘Anarchy in the UK’, que habla de eso, de anarquía, ya sea con un grito punk: “no sé lo que quiero pero sé cómo conseguirlo”, o con un agitador y desafiante: “hay muchas formas de conseguir lo que se quiere (…) yo utilizo la anarquía porque quiero ser anarquía, es la única forma de ser”.

Evidentemente muchos otros grupos y canciones rock se han ocupado del asunto de la insumisión y la rebeldía. Algunos, de hecho, se han dedicado al asunto político-revolucionario de un modo casi monotemático, como los viscerales Manic Street Preachers, aunque pueden resultar de lo más sectario. Otros, como la mayoría de bandas punk, transitan habitualmente la senda de la resistencia activa, pero generalmente con palabras toscas, chillonas, y escasa imaginación. Y también están los que, sin estar siempre en lo mismo, a veces animan a la lucha, como The Clash, que poseen varios títulos en esta línea, normalmente con mucho más ingenio.  

CARLOS DEL RIEGO


jueves, 6 de julio de 2017

1967 CANCIONES EN EL VERANO DEL AMOR. LA ERA DEL VINILO

1967 CANCIONES EN EL VERANO DEL AMOR.
LA ERA DEL VINILO. Un pequeño espacio de radio musical con los clásicos en singles y elepés. Hoy, Scot McKenzie, Beatles, Donovan, Procol Harum, The Doors

miércoles, 5 de julio de 2017

LA CREENCIA DISPARATADA EXPULSA LA RAZÓN Ocurre muchas veces que la gente interioriza conceptos e ideas de un modo tan desmedido que no hay razonamiento o evidencia que les haga ni siquiera dudar. Y esto se ve en todos los ámbitos, desde la política hasta la ciencia

Las sectas son ejemplo de creencia disparatada..

El azar, la circunstancia, las condiciones de cada persona influyen de modo determinante en su vida, en sus creencias, en su modo de pensar, y así hay gentes que, por diversas razones, están dispuestas a dejarse convencer casi de cualquier cosa. Existen poblaciones (hoy ya muy pocas) que no tienen acceso más que a lo que el poder les permite, por lo que su conocimiento de la realidad es totalmente falso; el caso más evidente es el de Corea del Norte. En entornos de libertad y democracia, sin embargo, a la larga la manipulación termina por destaparse (aunque siempre hay excepciones); a pesar de ello, no son pocas las personas que, a fuerza de atender siempre y exclusivamente a las mismas fuentes de información, pierden la perspectiva, caen en los trucos de quienes manejan los medios y terminan por creer sólo aquello que están acostumbrados a escuchar; y también están los que carecen de interés y curiosidad y nunca se preocupan por enterarse de las cosas.

Por ejemplo, estos días ((VII-17) se ha conocido una investigación que concluye que  casi un cuarto de estadounidenses cree que el 4 de julio se celebra su independencia de México, de Alemania, de Francia…, incluso alguno dijo que de Brasil, de China, de Rusia. Otro trabajo reciente explica que un siete por ciento de yanquis, 16 millones, pensaban que la leche chocolateada procede de vacas de color marrón. Y aun se recuerda cuando, poco antes de que se pusieran de moda, muchos docentes de Usa no sabían que los dinosaurios no vivieron a la vez que los humanos. Son muestras de ignorancia procedentes de la falta de interés por todo aquello que no sea estrictamente necesario para el vivir diario.

Luego está el caso del personal que se ha dejado convencer, o ha sucumbido al bombardeo propagandístico sistemático, hasta creer ciegamente en una idea que pasa por encima de toda lógica, de toda posibilidad real. Tal se está comprobando en Cataluña, donde hay no pocos catalanes convencidos de que toda España subsiste gracias a ellos, y que las demás regiones estarían condenadas al hambre en caso de que Cataluña deje de enviar dinero… Poco importa que los números demuestren lo contrario, incluso los de su propio gobierno autonómico, de manera que cuando se les presentan datos matemáticos irrefutables replican, con convicción absoluta, que todo eso forma parte de un engaño, de un gigantesco montaje en el que participan todos los que no concuerdan con su idea. Y no hay forma de que cambien su percepción por más razones, pruebas y argumentos que se aporten. Es este un caso de gentes que, teniendo acceso a toda la información, rechazan aquello que esté en contra de su creencia.

En el terreno de la política abunda mucho la especie de pensamiento que tiende a la certidumbre más exclusiva, la cual reduce todo a blanco o negro, bueno o malo, nosotros y el resto; lógicamente, este maniqueísmo no admite los tonos grises ni las discrepancias, y ni siquiera sopesa la posibilidad de que tal vez existan otras visiones, otras opiniones tan válidas como las suyas. Por ejemplo:

Varias ciudades españolas acogen cada año la ‘Feria del libro marxista’, que es, como puede suponerse, una romería de exaltación de la causa (es inimaginable una feria del libro fascista, pero sí comunista a pesar de que los perjuicios ocasionados por uno y otro son equiparables). En este entorno el pensamiento más extendido es que todo lo malo que la historia atribuye al comunismo es falso, un invento, una manipulación de los poderes capitalistas; y por la misma causa proclaman escritores, oradores y público de esta feria que el sistema de campos de concentración soviético, el gulag, es una fantasía creada por el escritor Aleksandr Solzhenitsyn, y ello a pesar del enorme caudal de testimonios de primera mano, libros, imágenes, documentos... (y es que, a diferencia de los campos nazis, los soviéticos no fueron liberados, así que no se ha podido entrar a investigar); igualmente no son pocos los entusiastas del marxismo-leninismo que sostienen vehementemente que Lenin era poco menos que un espíritu puro aunque, entre otros muchos de sus elocuentes textos, se les muestre un telegrama fechado el 10-VIII-1918 que dice “colgad de manera que todo el mundo los vea a cien kulaks (propietarios), ricos y chupasangre para que al verlo la gente tiemble y se diga: matan y seguirán matando”; y algo parecido ocurre con los fans de Stalin, al que el negacionismo comunista atribuye un desconocimiento total de las purgas, del Gran Terror, del ‘holomodor’ ucraniano, de los juicios masivos, de las deportaciones al gulag, de los trabajos forzados en la tundra helada, del exterminio de judíos, cristianos, homosexuales, cosacos…, por increíble que parezca hay quien está convencido de que Stalin era un pobre hombre que no se enteraba de lo que hacían quienes estaban a su alrededor… En fin, que el negacionismo no es patrimonio exclusivo de los simpatizantes más irredentos del nazismo, los cuales mantienen que las imágenes del holocausto están todas manipuladas, así como que los testigos mienten y que todo es una confabulación ‘judeo-comunista’ (uf); no es extraño, por tanto, que el comunismo recorra el mismo camino…, no podía ser de otro modo, ya que en sus modos son calcados. Son evidencias de que el fanatismo expulsa la razón.
   
Y hay más modalidades de creencias disparatadas, como la que cuestiona las vacunas o les atribuye efectos perversos en un complot de farmacéuticas, gobiernos, médicos…; o la que ‘tiene pruebas’ de que las Torres Gemelas fueron derribadas por orden del gobierno estadounidense; o la de que no llegaron a la luna en 1969. Este género de creencia es el conspiranoico.

 Desgraciadamente, en fin, ocurre con frecuencia que el ser racional prescinde de la razón para adherirse a un modo de pensamiento. Distinto es el asunto de las creencias en el más allá en cualquiera de sus formas, o la fe en la existencia de extraterrestres, pues todo ello es, desde un punto de vista exclusivamente científico, imposible de probar o de negar con los actuales conocimientos.

CARLOS DEL RIEGO


domingo, 2 de julio de 2017

ROCK Y ORGULLO MÁS ALLÁ DEL ARCO IRIS Es momento del orgullo homosexual, pero esto, el orgullo, es mucho más, pues no sólo tiene que ver con la opción sexual. Son muchos los motivos por los que sentirse orgulloso, y así lo ha entendido el autor de canciones rock.

James Brown reivindicó el orgullo de ser negro en su 'Dilo en alto, soy negro y estoy orgulloso'

A pesar de que hay entornos en los que se identifica el término orgullo con gay (es más propio decir homosexual), esta variante de la autoestima va más allá del arco iris, de modo que existe la orgullosa satisfacción de pertenecía a país, ciudad o equipo de fútbol, el sentimiento de gozo que puede producir  el triunfo de los hijos, los padres o los amigos, la complaciente sensación que surge del éxito tras grandes dificultades…, o simplemente el orgullo de ser quien se es; vamos, que orgullo no es sinónimo de homosexual. El rock & roll así lo ha entendido, y por eso ha tratado el tema de esta especie de vanidad en muchas de sus variantes.

No son pocas las canciones que se refieren a eso del orgullo, ‘pride’ en inglés. A la mente llega, rauda, ‘Proud Mary’de los Creedence, pero la ‘Orgullosa Mary’ de la que habla el tema de John Fogerty no es una chica, sino un barco que baja, altivo, por el río Misisipi. Más propio es otro clásico, el ‘Pride (in the name of love)’ de U 2; dedicado a Martin Luther King, su contundencia y simpleza instrumental resultan perfectas para lanzar un mensaje inequívoco: ese hombre vino en nombre del amor, ese hombre fue asesinado pero “aunque se llevaron tu vida, no pudieron llevarse tu orgullo”, refiriéndose a la orgullosa convicción de que ningún arma es más fuerte que el amor. Se han escrito, asimismo, abundantes letras en las que hay quien se arrastra y pisotea su propio orgullo por amor romántico, como el fantástico ‘Ain´t too proud to beg’ de Temptations o Rolling Stones, en la que se viene a decir que no se tiene tanto orgullo cuando se trata de rogar, suplicar, llorar para que ella no te deje.  

También está lo de experimentar satisfacción por ser hombre o por ser mujer. Así, la gran cantante estadounidense de jazz, blues y pop Peggy Lee (que, dicho sea de paso, fue la solista de la ‘big band’ de Benny Goodman) lanzó en 1963 el tema ‘I´m a woman’, que no ascendió mucho en las listas de éxito, pero con el paso de los años ha sido tantas veces versioneado que se ha convertido en una especie de himno de reivindicación de la mujer; el contenido del texto es explícito, con ideas del tipo de “puedo echar manteca a la sartén, salir de compras y volver antes de que se derrita (…), dar de comer al niño, lavar el coche y maquillarme a la vez (…), y si vienes a mí hecho polvo, puedo hacerte sentir bien (…), puedo hacer todo eso porque soy una mujer, lo diré otra vez, porque soy mujer, eso es todo”; asimismo el texto señala que ella también sabe de todo lo que se atribuye al hombre, desde asuntos de dinero hasta de salir a bailar hasta las tantas…, puro orgullo femenino. Lógicamente en los anales del rock también existe el ‘I´m a man’, imprescindible pieza original de Spencer Davis Group que conoció una explosiva y exitosa versión a cargo de Chicago en 1969; aunque la letra no es tan específica, sí que deja ideas evidentes: “soy un hombre, sí, lo soy (…) tengo que mantener mi imagen mientras estoy de pie (…) crees que tengo el corazón de piedra (…) pero no puedo dejar de amarte”; su ritmo trepidante y sus brillantes arreglos tienen más fuerza que su texto.    

Pocos serán los grupos estadounidenses que no tengan al menos una canción de corte patriótico en la que proclaman la inmensa satisfacción que su origen les produce mientras agitan la bandera. Sí, la lista sería interminable y contendría algunos de los temas emblemáticos del rock ‘made in Usa’: ¿qué es sino una expresión de orgullo patrio el ‘Sweet home Alabama’?, y también el ‘My home town’ de Devo o el ‘We´re an american band’ de Grand Funk Railroad. Claro que también hay quien critica eso del orgullo nacional, como Greenday en su ‘No pride’, en la que vapulean el patrioterismo: “Mejor que te tragues tu orgullo o te vas a ahogar en él (…) ninguna cultura vale un chorro de pis o un disparo en la cara (…) a mí no me va a pasar porque no tengo orgullo”…, está claro, ¿no? Y hablando de tragarse el orgullo, Ramones lo confesaban en su ‘Swallow mi pride’, pero en este caso era por no haber tenido cerrada la boca.

El incendiario James Brown cantó al orgullo de ser negro en su ‘ Say it loud, I´m black & I´m proud’ (1968), o sea, ‘Dilo en alto, soy negro y estoy orgulloso’, pieza que se convirtió en un himno del movimiento a favor de los derechos civiles y cuyo ritmo adelantó la idea del funk; el propio Padrino del soul dijo muchos años después que la canción se había quedado obsoleta, pero que en su momento fue muy importante para que los negros sintieran el orgullo de ser como son. 

Y evidentemente no faltan las canciones que proclaman el orgullo de tener una orientación sexual distinta. Las hay de todos los géneros y ritmos, y en no pocos casos se trata de excelentes melodías reconocidas por el éxito. Podrían citarse muchas, como el irresistible ‘Relax’ de Frankie Goes to Holliwood, el ‘Tutti frutti’ de Little Richard con el texto original, varias de Bowie (‘The Jean Genie’)… e incluso el ‘A quién le importa’ de Alaska y Dinarama. Pero si hubiera que quedarse sólo con una, muchos señalarían la inigualable ‘I want to break free’ de Queen, escrita por el bajista John Deacon expresamente para Freddy Mercury; el inolvidable cantante lo dice bien claro: “quiero liberarme”; imprescindible ver el vídeo oficial.

En fin, esto del orgullo va mucho más allá del arco iris, como demuestra el rock & roll.


CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 28 de junio de 2017

CUANDO LOS POLÍTICOS SÓLO HACEN POLÍTICA Es uno de los grandes problemas de la política: atrapa de tal modo que quienes se meten en ella lo ven todo a través de sus ojos; tal puede comprobarse en la España actual, donde los políticos están siempre a sus cosas (aunque seguro que pasa en todas partes)

En España aún no se ha llegado a las manos, aunque si sigue la tendencia actual tal vez se llegara a esto,
que ocurrió en Ucrania.
Sí, eso de la política (sobre todo la de gran alcance) debe ser muy absorbente, tanto que parece exigir el total de la mente de quienes logran entrar en ese club. Por un lado, atrapa de tal modo, engancha tanto que no hay forma de abandonarla, y por otro, no permite que quienes han entrado puedan pensar o hacer nada ajeno a ella. Es decir, los que logran acceder a ese mundo pasan casi todo su tiempo tratando de sí mismos, haciendo política, en lugar de pensar y trabajar en cómo solucionar los problemas de los ciudadanos. Así, es muy ilustrativa la situación actual (VI-17) de España, donde los que han logrado tan privilegiada colocación se pasan la mayor parte del tiempo en congresos, primarias, mociones de censura, reprobaciones, votaciones y discusiones sobre sí mismos, comisiones de investigación,  elección de delegados, distribución de cargos…; dicho de otro modo, en lo que deberían ser sus horas de trabajo siempre están ocupados en sí mismos y haciendo política, de modo que apenas les queda tiempo para hacer su trabajo, para cumplir con sus verdaderas obligaciones.
Desgraciadamente la cosa parece ir a peor, ya que hay hoy sitios en los que quienes se han subido al privilegiado tren de la política están convencidos de que para solucionar los problemas del personal (desde el paro a las listas de espera médica) lo que hay que hacer es cambiar los nombres de las calles y las figuritas luminosas de los semáforos, retorcer el lenguaje hasta convertirlo en un galimatías políticamente correcto y gramaticalmente incorrecto e ignorante, ser maleducados, groseros e insultones…, estas y otras ‘ideas geniales’ sólo tienen objetivos ideológicos y, evidentemente, no solucionarán nada, pero es en lo que se pasan las horas.       

Por otro lado, se equivocan quienes piensan que las cosas mejorarán a base de meter más y más ideología. Se equivocan los que creen que un país marchará o no en función del partido político que esté en el poder. La realidad es que todo irá bien según sean las personas que están al mando, es decir, si en un entorno democrático tiene la última palabra un político honrado, trabajador y eficiente, poco importará cuál sea su partido, cuál su ideología para que el colectivo se beneficie.  

Sea como sea, no cabe duda de que esto de la política ensimisma a los que no tienen nada más en la cabeza, incluso termina por impedirles ver el verdadero color de las cosas, y los obliga a mirarse continuamente el ombligo. Para evitar este mal tal vez habría que impedir que la gente la practique demasiado tiempo. Por ejemplo, si la esperanza de vida en España es de unos ochenta años, estaría bien que, quien lo deseara, dedicara a las labores públicas un máximo del diez por ciento de su vida, o sea ocho años. De este modo, posiblemente, quien optara por invertir ese tiempo en el ejercicio político estaría más atento a la eficacia que a la propia política y a la ideología… De todos modos tal vez no haya forma de evitar los cambios que se producen en la mente del que alcanza cargo, del que siente el subidón del poder. En fin, aunque sea una utopía, merece la pena repetirlo: hay que erradicar la figura del político profesional y sustituirla por la del ciudadano metido temporalmente (un diez por ciento de su vida ya está bien) a esta función.

El parlamento no es ya un lugar de contraste de ideas, de debate de proposiciones y de la búsqueda general del bien común, sino una especie de espacio teatral en el que lo que importa (al menos a una parte muy importante) es demostrar continuamente, exclusivamente, con gritos e insultos, la ideología que se profesa. Sin embargo, lo curioso es que la totalidad de los políticos de todos los partidos y de todas las administraciones, el cien por cien, estaría radicalmente en contra de la idea de limitar la permanencia en cargo público. En habría acuerdo unánime sin atender a partidismos e ideologías.

CARLOS DEL RIEGO